[Sara Martín] Mitos sobre la comunicación temprana que conviene dejar atrás
¡Queridos lectores y lectoras! Hoy os traigo una invitada muy especial: Sara Martín, maestra especialista en Audición y Lenguaje y pedagoga. A través de su proyecto Comunicación Temprana, acompaña a las familias en los primeros años de vida con un enfoque respetuoso y basado en la evidencia, ofreciendo herramientas para favorecer el desarrollo y la comunicación infantil.
En este artículo, Sara nos invita a dejar atrás algunos de los mitos más extendidos sobre la comunicación infantil y a descubrir cómo podemos acompañar a nuestros peques de una forma más consciente, respetuosa y eficaz. ¡Espero que disfrutéis tanto de su lectura como yo!
¿Alguna vez has escuchado que utilizar signos retrasa el habla? ¿O qué si un peque todavía no habla, lo mejor es esperar porque «ya hablará cuando esté preparado»?
Como pedagoga y maestra especialista en audición y lenguaje, me gusta defender que cada niño tiene su propio ritmo. Sin embargo, también defiendo con firmeza la atención temprana. Son dos conceptos fundamentales que debemos entender y no confundir jamás con presión ni con dejadez. Para familias y educadores, es clave saber valorar en qué punto se encuentra cada niño para darle la verdadera importancia que merece la comunicación.
En la práctica diaria, es muy común que las familias sientan dudas, miedos e incertidumbre. Vivimos rodeados de falsas creencias muy extendidas y de comentarios que en muchas ocasiones están desactualizados. Frases como “siempre se ha hecho así” o “pues yo lo hice contigo y no te ha pasado nada” aportan poco al desarrollo infantil y no ayudan a educar desde el respeto y la evidencia actual.
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La carrera de las primeras palabras
Vivimos en una sociedad con prisa constante por cumplir objetivos y, en ocasiones, esa forma de entender el éxito acaba trasladándose al desarrollo infantil. Llega el primer cumpleaños y con ello la presión social, las preguntas indiscretas y los comentarios innecesarios.
Sin embargo, medir la capacidad comunicativa de un niño únicamente por las palabras que pronuncia es un error muy frecuente.
La palabra hablada es solo la punta del iceberg
Antes de que el aparato articulatorio esté preparado para emitir palabras claras, el cerebro del bebé ya lleva meses construyendo las herramientas necesarias para comunicarse.
Cuando nuestro único objetivo es el habla nos perdemos hitos fundamentales que están ocurriendo ante nuestros ojos como la mirada compartida, la búsqueda del adulto para obtener respuesta o señalar para compartir interés por cosas.
Por eso, cuando acompañamos correctamente la comunicación, no deberíamos centrarnos solo en ver si habla o no, deberíamos observar más allá “¿busca compartir experiencias?, ¿busca la mirada cuando quiere comunicar algo?, ¿responde a la comunicación no verbal de los adultos?, ¿comprende rutinas y frases cortas?, ¿señala?, ¿busca ser entendido?, … Todo esto, y más, no solo construye cimientos, sino que forma parte de la comunicación.
La comunicación temprana también se construye jugando
Aunque a veces creamos que la estimulación de la comunicación es un concepto moderno o técnico, es algo que los humanos llevamos haciendo de forma instintiva toda la vida. Juegos tradicionales y universales como el “cucú-tras”, el “¿dónde está… aquí está!” o las canciones de falda no son un simple entretenimiento. Sin saberlo, a través de ello trabajamos la anticipación, la atención conjunta, la imitación, la espera y el vínculo afectivo que son básicos para la interacción con otras personas.
Los signos como herramienta antes de las primeras palabras
Si la presión por las primeras palabras es habitual alrededor del primer año, también lo es la preocupación de algunas familias cuando se plantean utilizar signos para comunicarse con su bebé: “¿Y si después no quiere hablar?”.
Esta duda parte de una idea muy extendida: pensar que, si un niño encuentra una forma alternativa de comunicarse, dejará de tener interés por utilizar las palabras. Sin embargo, ocurre lo contrario. Los bebés tienen una necesidad natural de comunicarse y conectar con las personas que les rodean.
Alrededor de los 12 meses, un bebé tiene una capacidad cognitiva mayor que la que puede expresar con palabras. Su cerebro está preparado para entender y saber que quiere, pero su aparato fonador todavía está madurando. Pretender que solo se comuniquen con palabras, en cierto modo, es como pedirle a alguien que escriba un ensayo antes de saber sostener el lápiz.
En este contexto, los signos pueden ofrecer una vía de comunicación accesible. Permiten expresar necesidades, intereses o emociones antes de hacerlo con el lenguaje verbal. Cuando un niño consigue hacerse entender, suele disminuir la frustración y aumentan las oportunidades de interacción con los adultos.
Además, cuando los signos se utilizan como apoyo a la comunicación oral, el gesto no sustituye necesariamente a la palabra. El adulto puede acompañarlo de la palabra hablada, la mirada, la expresión facial y la entonación, de forma que el niño recibe un modelo de lenguaje dentro de una situación real y significativa.
Por eso, más que una alternativa al habla, los signos pueden convertirse en un puente entre lo que el niño quiere comunicar y las palabras que todavía está aprendiendo a producir.
Enseñar otras herramientas de comunicación a un bebé no frena el habla, sino que abre una ventana a su mundo interior antes de que la voz esté lista para acompañarlo.
Respetar el ritmo no significa esperar sin más
Exigir a un bebé que diga ciertas palabras no solo lleva a generar angustia al bebé sino también presión a la familia.
Acompañar el ritmo individual implica que, aunque las palabras a veces tarden un poco más, la comunicación temprana existe: hay miradas, gestos, intención, comprensión y ganas de conectar. Por tanto, es fundamental guiar ofreciendo oportunidades para comunicarse, respondiendo positivamente a sus intenciones y haciendo un seguimiento de la evolución.
Sin embargo, cuando esa base no aparece o simplemente algo en el proceso te genera preocupación, no siempre conviene dejar pasar el tiempo. Consultar no es presionar ni buscar etiquetas, sino acompañar a tiempo de forma correcta, comprendiendo y recibiendo las herramientas que nos faltaban.
La atención temprana no busca competir en la infancia sino ofrecer apoyo cuando un niño o su familia lo necesita.
La comunicación temprana empieza mucho antes que las primeras palabras
Como hemos visto a lo largo del texto, un bebé antes de hablar ya puede estar comunicando de diversas formas.
Más que preguntarnos constantemente cuándo llegará la primera palabra o cuándo pasará del famoso “mamá” o “papá”, quizá deberíamos detenernos a observar aquello que el niño quiere decirnos sin necesidad de hablar: una mirada, un gesto, una sonrisa, un dedo que señala o la búsqueda de nuestra reacción son formas de comunicación temprana
Porque la comunicación no comienza cuando aparecen las palabras. Las palabras son solo una parte de todo lo que un niño puede expresar.
Referencias
- American Academy of Pediatrics. (2020). Developmental Surveillance and Screening of Infants and Young Children.
- Linda Acredolo, L., & Susan Goodwyn, S. (2002). Baby Signs: How to Talk with Your Baby Before Your Baby Can Talk.
- Jerome Bruner. (1983). Child’s Talk: Learning to Use Language.
Si queréis saber más sobre Sara o poneros en contacto con ella, os dejo por aquí:
Y su perfil de Instagram donde comparte contenido muy interesante sobre comunicación y desarrollo infantil.
¡Espero que os haya gustado este artículo sobre la comunicación temprana! Y ahora me encantaría leeros: ¿conocíais alguno de estos mitos? ¿Hay alguno que os haya sorprendido especialmente? Os espero en los comentarios.
Artículo escrito por Sara Martín











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