[Carmen Salado] Edad infantil: ¿por qué mi hijo no come en el comedor escolar y cómo ayudarle?
¡Buenas, lectores y lectoras! Hoy os traigo una nueva colaboración para el blog. En esta ocasión me acompaña Carmen Salado, graduada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria y Nutrición Deportiva. Hoy nos habla de algo importante: ¿por qué un niño no come en el comedor escolar?
Desde 2011 se dedica a la nutrición clínica en Salado Nutrición, donde trabaja junto a su hermana Leo, enfocándose en mejorar la salud y el bienestar de las personas a través de la alimentación. Su labor combina conocimientos científicos con un trato cercano y práctico hacia cada paciente.
El lema que guía su día a día es claro: “Soy de las que piensan que con pequeños cambios se consiguen grandes resultados.”
Y bajo esa filosofía, como os comentaba antes en esta entrada va a tratar un tema especialmente relevante para muchas familias: ¿por qué mi hijo no come en el comedor escolar y cómo ayudarle? ¡Os dejo con sus palabras!
Comer fuera de casa puede resultar un infierno tanto para niños como para padres. Este problema empieza desde bien pequeños, cuando el regazo de una madre, padre o abuela es el mejor lugar del mundo para comer.
Pero todo se torna cuando toca comer solo, en otro sitio que no es casa, con otros alimentos, otro cocinado, otras manos que te sirven y te ayudan a comer, otro ruido y un único objetivo: terminarse todo lo que queda en el plato para que, cuando mamá y papá lleguen, nos aplaudan por lo bien que hemos comido.
Comer sin entender: la etapa infantil
Pero, lejos de todo esto, nos olvidamos de que, en la edad infantil, aún son muy pequeños para saber lo que está bien y lo que está mal, para saber sobre alimentos, sobre cantidades, sobre lo que es comida saludable o comida que, cuanto más eviten, mucho mejor para su futuro organismo.
Comer por imitación: el aprendizaje en casa
Y es que todo empieza en casa. Empieza donde los padres o cuidadores son los referentes. Donde los niños, como con todo, aprenden por imitación. Y si mamá, papá o cuidadores comen, los niños comen, pero si los adultos comen comida no saludable, ellos también la acabarán comiendo.
Somos humanos y, como humanos que somos, ningún niño se va a morir de hambre teniendo alimentos a su alcance, pero los adultos que vivimos con ellos somos los encargados de ofrecerle lo mejor y más adecuado.
Comer en el comedor escolar: ¿qué factores influyen?
Cuando en el comedor un niño no come, tenemos que atender a qué factores externos están influyendo. Existen diversos: las texturas diferentes que se les ofrece, el sabor de nuevos alimentos que en casa no han probado, que el niño o niña esté sobrealimentado en las horas previas al almuerzo, como puede ser en la hora del recreo, o que sepa que, aunque no coma, en casa le esperará aquello que más le gusta, pero no siempre lo más correcto: galletas, dulces u otros productos menos saludables que la comida que ha dejado en el comedor.
Además, aquí podemos mencionar a los niños denominados ¨picky eaters¨, es decir, aquellos niños selectivos que sólo aceptan ciertos alimentos y rechazan otros por su textura, olor, presentación o por desconfianza hacia lo desconocido. Este patrón no siempre indica un problema, de hecho, se trata de un comportamiento muy habitual en la edad infantil, pero requiere exposición progresiva, paciencia y hábitos persistentes tanto en casa como en comedor.
Comer mejor en el comedor escolar es posible: estrategias prácticas
La realidad es que tanto estos factores como otros se pueden solucionar si ponemos el foco en ellos.
¿Cómo solucionar estos problemas?
- Comenzar desde pequeños hablándoles de alimentación: qué son los alimentos, de dónde vienen, qué función tienen en nuestro organismo. Nunca desde el miedo y la obligación, siempre desde el aprendizaje.
- Realizar en casa diferentes métodos de preparación y cocinado, para que así nuestros hijos se vayan familiarizando con nuevas texturas, sabores y olores. Si podemos hacerles partícipes de ello: mucho mejor.
- Establecer rutinas de horarios en casa: de esta manera ellos empezarán a ser conscientes de cuándo tocan las diferentes comidas del día, así como de las cantidades asociadas a cada una de ellas.
- Evitar compensar con comida poco saludable cuando el niño no haya comido; esto sólo reforzará su idea de que la comida del comedor es un castigo y, a largo plazo, este hábito dificultará una relación saludable con la comida.
- Evitar sobrealimentar en las horas previas al almuerzo en el comedor. Si toma en el recreo mucha cantidad o alimentos muy calóricos, llegará sin hambre al almuerzo.
- Mantener una comunicación continua con el personal del comedor y del colegio. Al fin y al cabo, ellos son quienes observan el comportamiento del niño en ese entorno, así como su relación con la comida. Su información puede ser relevante para entender qué ocurre.
Comer también se aprende: el comedor como aula
Igual que en el colegio se enseña Matemáticas o Ciencias, el comedor del colegio es uno de los mejores espacios para que los niños aprendan a comer, descubran nuevos alimentos, desarrollen autonomía y adquieran rutinas.
Comer en armonía: familia y escuela juntas
Cuando familia y escuela trabajan en la misma dirección, el proceso se hace mucho más simple, la presión disminuye y la experiencia de comer en el comedor escolar se convierte en algo positivo y más tranquilo tanto para padres como para niños.












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