[Lucía Hdez Maíllo]Cómo crear vínculo emocional en educación infantil: 3 claves prácticas
¡Queridos lectores y lectoras! Hoy os traigo una nueva entrada para la sección de pedagogía del blog. Esta sección acaba de arrancar, pero viene con muchísimas ganas de acompañaros y aportar cosas que os resulten útiles en el día a día. Hoy la pedagoga especializada en educación inclusiva Lucía Hdez Maíllo, nos habla de cómo crear vínculo emocional en educación infantil.
Introducción
¿Y si te dijera que existe una forma de acompañar la educación sin sentirte perdido en el camino?
Lucía Hdez Maíllo, pedagoga especializada en educación inclusiva, lleva años transformando la manera en la que entendemos la crianza y el aprendizaje. Desde el centro pedagógico Sorella, acompaña a niños desde los 3 años, a sus familias y trabaja mano a mano con colegios para construir entornos más humanos y adaptados a cada realidad.
Y aquí es donde su impacto va mucho más allá: es la mente detrás de @lapeceradeladiversidad, un espacio que ya está ayudando a muchas familias a entender, acompañar y transformar la educación desde dentro, con herramientas reales, recomendaciones útiles y pautas claras.
Además, ofrece orientación familiar y profesional para esos momentos en los que educar se vuelve cuesta arriba, ayudando a encontrar soluciones y acompañando cada proceso con cercanía.
Post recomendado: Decálogo para formar hijos lectores: ¿cómo favorecer el hábito de lectura desde casa?
Su lema no es solo una frase, es una forma de trabajar y de estar presente: como el mar que guía a cada navegante, la educación y la pedagogía nos permiten acompañar con apoyo constante cada travesía de aprendizaje.
Ahora sí, ¡os dejo con sus palabras!
Cómo crear vínculo emocional en educación infantil
A lo largo de mis 10 años de experiencia trabajando con niños/as (y no tan niños) he aprendido que cuándo queremos transmitir un aprendizaje, hay algo aún más importante que el propio aprendizaje y es el vínculo que creamos con los niños y niñas con los que trabajamos.
También he aprendido que ese vínculo no es real si nos faltan, entre otras, estas tres cosas: el ejemplo, el compromiso y la perdurabilidad.
Paso 1: el ejemplo.
Cada niño o niña que pasa por nuestras aulas o despachos es único, pero todos necesitan algo: sentirse seguros y no juzgados.
Para que esto sea posible, durante la creación del vínculo los niños y niñas necesitan ver con sus propios ojos que los adultos y adultas cometemos errores y que también necesitamos ayuda. Esto significa que necesitan que seamos ejemplo de lo que sucede en el caso de que las cosas no salgan como esperábamos.
Por ejemplo, imaginemos que estamos trabajando con un material de números y decimos el 4, pero sacamos sin querer el 5. En este caso, muchas veces lo que hacemos es buscar el 4 y cambiarlo y seguir como si no hubiera pasado nada. En cambio, si fuese un niño el que se equivoca al sacarlo, nuestra cara cambiaría y le diríamos “ese no es el 4, ¡mira bien!”, ¿verdad?
Cuando esto sucede, le estamos transmitiendo una idea de divinidad por nuestra parte que hace que entiendan que nosotros como adultos/as no nos equivocamos y que, si lo hacemos, no pueden cuestionarnos.
En cambio, si en el momento que sacamos sin querer el 5 les decimos “uy, ¡pero Lucía, qué cabeza tienes, si este no es el 4, ¿a qué no chicos/as?, ¿me ayudáis a buscar el 4?”, no solo estaremos haciendo visible que no pasa nada por equivocarse, sino que estaremos haciendo ver que pedir ayuda es parte de cualquier proceso de aprendizaje, tengas la edad que tengas.
Paso 2: el compromiso.
El compromiso conlleva tomar la decisión de hacer todo lo que esté en nuestras manos para que ese vínculo funcione y eso solo se da de una forma: escuchando.
Muchas veces, los niños y niñas intentan darnos información de forma involuntaria, pero nosotros no sabemos escuchar, ni atender.
¿A cuántos de nosotros/as los niños nos han traído una flor y lo único que hemos dicho es un “anda, ¡qué bonita!” dejándola al segundo a un lado?
Un gesto tan sencillo como el hecho de que un niño/a ponga en nuestra mesa una flor nos puede dar millones de pistas de lo que ese niño en cuestión quiere o necesita. Pero está en nuestras manos querer saber más (o no).
Si en ese momento a ese niño le decimos “qué bonita la flor”, la apreciación de ese niño va a ser “le ha gustado”, pero se acabó. No conseguimos más información. Pero podemos preocuparnos de ir más allá. Si descubrimos porqué ha escogido esa flor en concreto, porqué se ha acordado de nosotros/as al verla. Preguntar qué ha sentido al traerla y entregárnosla es una forma de escuchar de verdad, desde el compromiso de acompañar, analizar y buscar respuestas juntos.
Paso 3: la perdurabilidad.
En uno de los últimos enclaves para un vínculo potente se haya la perdurabilidad. Esto es, básicamente, entender que, por mucho que queramos, los alumnos siguen siendo alumnos fuera de las cuatro paredes de nuestras aulas y despachos.
En la etapa de infantil tenemos una oportunidad maravillosa para enseñarles y mostrarles que nos acordamos de ellos en muchos momentos. Mantener en el tiempo ese vínculo requiere dedicar tiempo a seguir descubriendo y haciendo que nos descubran ellos/as también a nosotros/as cada día.
Son detalles tan básicos como preguntar un “¿Cómo estás?” “¿Cómo te sientes hoy?” o decirles un “¡Ayer me acordé de ti, porque vi una taza de Pepa y sé que te encanta!”.
Algunas de las preguntas que yo suelo hacer al terminar mis talleres sobre la creación de vínculo y que hacen mucho reflexionar sobre este punto son: ¿qué te gustaría a ti que te dijeran hoy? ¿de quién te gustaría que llegase un mensaje?, y si no llega ese mensaje, ¿cómo te sientes?
Una idea que a veces propongo en la etapa de infantil es que todos los días en clase entreguemos un papel con un mensaje a los niños/as. Cuándo son muy peques y aún no saben leer, podemos poner una imagen de un abrazo o un beso, por ejemplo. Y cuándo ya saben leer, ponerles alguna palabra bonita como: “eres especial” o “te abrazo”. Después se puede hablar de ello para empezar el día recordándoles que estamos ahí, con ellos, acompañándoles.
Crear vínculo no siempre es fácil, pero sí es imprescindible. Porque cuando un niño se siente visto, escuchado y acompañado, el aprendizaje deja de ser una obligación y se convierte en una experiencia. Y ahí es donde ocurre la verdadera educación.
Si quieres profundizar en este enfoque y acceder a más recursos prácticos, puedes encontrar a Lucía en:
🌐 Web: La Pecera de la diversidad
📲 Instagram: @lapeceradeladiversidad
Un espacio lleno de herramientas, reflexiones y acompañamiento real para familias y profesionales de la educación.









-0 Comentario-