En educación infantil no solo jugamos: una verdad que merece ser contada
Hay días en los que siento que nuestra labor como maestr@s en educación infantil está constantemente envuelta en una niebla de prejuicios. Días en los que escucho comentarios como “vosotros sólo jugáis” y me pregunto cómo es posible que algo tan profundo, tan esencial y tan trascendental como acompañar el comienzo de la vida siga siendo tan incomprendido.
Porque no, no pasamos el día coloreando. No estamos ahí para “entretener”. No somos un descanso del sistema educativo. Somos el origen, el punto de partida y el lugar donde se forman las bases del desarrollo evolutivo que sostendrán todo lo que vendrá después. Y esa verdad, esa que a veces cuesta tanto que el mundo vea, merece ser contada con fuerza en esta entrada.
El juego: el primer lenguaje de la infancia
Reivindico el juego. Lo defiendo. Lo nombro con orgullo porque el juego no es tiempo perdido, ni entretenimiento pasajero.
El juego es la forma que tiene la infancia de pensar, de comprender, de poner a prueba el mundo, es decir, es investigación, es hipótesis, es emoción, en definitiva, es cooperación.
Ejemplos:
- Un niño construye una torre, está aprendiendo geometría y orientación espacial.
- Inventan historias en el rincón simbólico, están construyendo su pensamiento narrativo y su identidad.
- Cuando se equivocan, vuelven a intentar, se frustran y respiran, … están aprendiendo lo más difícil: gestionar su propia vida interior.
El juego no es un descanso del aprendizaje. El juego es el aprendizaje.
Nuestra labor: profesional, intencional y profunda
Quien piense que nuestra labor es “entretener” no ha visto la cantidad de decisiones que tomamos en un solo día.
En un solo día: observamos, escuchamos, interpretamos, mediamos en conflictos para resolverlos pacíficamente interviniendo cuando hace falta, damos un paso atrás cuando es momento de que descubran solos y diseñamos actividades que parecen espontáneas, pero tienen un propósito.
También creamos ambientes que invitan a la curiosidad, contenemos emociones que a veces desbordan, levantamos autoestima, reparamos vínculos, encendemos miradas y evaluamos para que nuestro alumnado mejore día a día.
No somos “maestros/as que cantan canciones”. Somos profesionales que acompañan el desarrollo integral en la etapa más determinante de la vida.
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Lo que parecen rutinas, en realidad son conquistas
¿Qué son cada rutina diaria? Por ejemplo: ponerse el abrigo: autonomía; esperar turno de palabra: convivencia; ordenar el material: responsabilidad; expresar e identificar emociones: inteligencia emocional y resolver un conflicto: vida real.
Cada pequeño gesto es un paso hacia la independencia, hacia la seguridad, hacia la confianza en sí mismos, en definitiva, hacia la autonomía.
La educación infantil merece respeto porque tiene identidad propia
Lo digo con fuerza desde el corazón: la educación infantil no es preparatoria de nada. Es una etapa educativa en sí misma. Con identidad, con rigor, con ciencia y con corazón. Una etapa donde no sólo aprenden los niños sino también crecemos nosotros, quienes los acompañamos. Y ojalá la sociedad lo reconociera. Ojalá se valorara la mirada pedagógica, el esfuerzo emocional, la formación continua y la entrega sin medida.
Detrás del juego late la vida
Si las personas que creen que “en infantil sólo se juega” deberían entrar en un aula con ojos y alma abiertas, descubrirían un mundo silencioso y poderoso.
En un aula de educación infantil te puedes encontrar:
- Un niño que antes no se atrevía, levantando la mano.
- Una niña que dudaba de sí misma, mostrando orgullosa su dibujo.
- Dos amigos que al principio de la mañana discutieron por un juguete, después del recreo juegan como si no hubiera pasado nada.
- Alguien que por primera vez dice “no puedo, pero voy a intentarlo”.
Eso es crecimiento, eso es educación y eso es humanidad compartida en su forma más pura.
Mi razón de formar parte de la educación infantil
Y por eso escribo esto. Porque cada mañana, cuando abro la puerta del aula y escucho los “¡maestro!” llenos de vida y recuerdo que acompañar la infancia es un privilegio que toca el alma.
Recuerdo que cada juego es una semilla. Que cada descubrimiento es un futuro que se abre. Que cada emoción compartida deja huella. Que, aunque muchos no lo vean, aquí dentro se construyen los cimientos de todo lo que serán en un presente cercano y en un futuro lejano.
Así que sí: en Infantil jugamos, pero jugamos a crecer, a pensar y a ser. Jugamos a construir un mundo mejor desde lo más pequeño: la infancia.
Y acompañar ese comienzo: es, quizá, la forma más hermosa de dejar una marca en la vida de alguien.












-4 Comentarios-
Me ha encantado tu publicación. Totalmente de acuerdo con todo lo que has escrito.
Muy buena la publicación compañero!
¡Gracias Begoña por tu comentario! Es lo que siento y lo que vivo cada día sobre esta etapa educativa. A veces toca decir las cosas alto y claro.
¡Gracias Isabel por tu comentario! Esta etapa educativa necesita darle la importancia que se merece porque lo que no va bien en la etapa de infantil luego va mal en Primaria. Es necesario que entre todos le demos lo que se merece esta etapa educativa porque es la base de donde se asienta todo como tú sabes.